Ep #40 — ¿A qué costo?
¡Hola hola, amichis!
Esta semana arranqué con la pata izquierda. Como todos los años, hago las tortas de cumple para mis hijos Simón, Benja y Teo. Este año festejan por separado — Teo festejaba el miércoles con sus amigos, y me propuse hacerle la torta. Suena simple. Es más, me tomé el martes entero para dedicarme a eso.
Pero hace mucho que no estoy 100% en casa, y me di cuenta de las mil y una distracciones que hay. Cuando me pude poner a hacer la torta, ya era la una del mediodía. El día anterior había empezado con el relleno... y me había quedado líquido. El martes tuve que volver a empezar. Pensé que con el frosting la cobertura iba a ser mejor, pero no. Quería lograr un color violeta, y pensé que con rojo y azul se armaba fácil. Obviamente no salió. Ya eran las 15, tenía una reunión en una hora, y el mal humor había llegado para quedarse.
Decidí salir a buscar rápidamente el colorante violeta para ver si lo podía salvar. Con mucha bronca, cerré la puerta. Y me di cuenta, parada en el pasillo, que las llaves habían quedado adentro.
Encerrada afuera, con bronca, sin colorante y sin torta terminada.
Respiré hondo y apliqué una técnica que les super recomiendo: a las 15:30 de la tarde, declaré que el día volvía a empezar. Volví a hacer el frosting, esta vez violeta, esta vez usando todas las técnicas que las amichis me fueron tirando a lo largo del día en tiempo real. Y la segunda fue la vencida.
Varias amichis me preguntaron: ¿a qué costo salió esa torta después de tanto renegar? ¿No era más barato comprársela a alguien? Totalmente cierto. Pero cuando Teo la vio... se puso feliz. Y en ese momento, todo el costo pareció ser cero.
Aunque después del festejo me quedé pensando... ¿cuál es el costo real?
El costo real de las cosas
Estudié Economía Empresarial y una de las primeras cosas que te taladran la cabeza es que el costo está en el ojo de la tormenta. Una empresa que no sabe manejar bien sus costos — aunque venda muchísimo — se hunde. El costo no es solo lo que pagás: es todo lo que invertís. Tiempo, energía, recursos, oportunidades que dejás pasar.
Entonces, ¿cuál fue el costo real de la torta de Teo?
Si lo calculamos en frío: el tiempo del lunes preparando el relleno que salió mal, el martes entero supuestamente dedicado a la torta pero lleno de distracciones, los ingredientes del primer intento tirados a la basura, la salida de emergencia a buscar colorante, quedarme encerrada afuera, el estrés acumulado, el mal humor de las 15 horas... y encima llegar tarde a la reunión.
Las amichis tenían razón: en términos puramente económicos, la torta comprada ganaba por goleada.
Pero hay costos que no entran en ninguna planilla. Y hay retornos que tampoco.
Cuando estaba en la facultad incorporando los conceptos de costos, recuerdo que un fin de semana mi papá quería que lo ayudara con horas extra. Intentó seducirme con un sueldo extra. Me avergüenzo aún de lo que le dije: “No papá, gano más por hora siendo profesora de chino que trabajando para vos el finde”.
Mi papá se rió y no insistió más. Recién muchos años después entendí el grave error. Nunca se trata del dinero. Y menos que menos en la familia.
Hay cosas que no entran en ninguna planilla de costos. Y la torta de Teo me lo recordó.
No es la torta en sí. Es todo lo que hay alrededor de ella. El relleno que salió mal, el frosting que no cerraba, la puerta cerrada con las llaves adentro — todo eso con el tiempo se va a convertir en una historia que vamos a contar y recontar. Es el recuerdo que queda, no en la foto de la torta terminada, sino en todo lo que pasó antes de llegar a ella.
En economía existe el concepto de bienes intangibles — aquellos que no se pueden tocar ni medir, pero que tienen un valor real. El amor, el tiempo, la presencia, el esfuerzo visible. No aparecen en ninguna factura, pero son los que más pesan cuando uno mira hacia atrás.
Porque Teo no va a recordar si la torta era perfecta o si el violeta era el tono exacto. En realidad, tampoco estoy segura de que se vaya a acordar — tampoco le pongamos presión a eso. Pero yo sí lo voy a recordar, y para mí ya se convirtió en una hermosa anécdota de la vida.
Y eso, en términos económicos, no tiene precio.
¿Qué es ser exigente?
Cuando estaba frente a la torta de un color casi marrón, muy lejos del violeta que quería lograr, me enfrenté a dos dilemas: dejarlo así — que dentro de todo, es una torta al fin — o volver a empezar a hacer el frosting, porque tiene que quedar, ni te digo perfecta, pero al menos bien.
Confieso que cada cinco minutos cambiaba de opinión. Un rato: “ya fue”. Un rato: “no no, tengo que volver a empezar”. Y así durante un tiempo largo.
Cuando ya estaba haciendo el frosting de nuevo, me quedé pensando: ¿soy demasiado exigente?
¿No era más fácil — y más sano — conformarse con lo que había salido? Total, es una torta. Total, Teo y sus compañeros tienen cinco años y probablemente no noten la diferencia.
Pero algo en mí no podía dejarlo así.
Y ahí apareció la pregunta incómoda: ¿hasta qué punto conformarse y hasta qué punto insistir? ¿Cuándo nos estamos sobreexigiendo y cuándo la falta de exigencia nos hace caer en el conformismo?
Creo que hay una diferencia importante entre exigirse por perfeccionismo y exigirse por estándares. El perfeccionismo busca la aprobación externa, el resultado impecable, la foto perfecta. El estándar personal es otra cosa: es saber lo que sos capaz de dar y no quedarte por debajo de eso sin una buena razón.
Si me pongo a pensar, solo repetí dos veces. Dos intentos hasta llegar a la torta que quería. No creo que lleguemos al tan sobrevalorado perfeccionismo — es simplemente no conformarse con menos de lo que sabía que podía lograr. Pero ¿por qué a vista de muchos soy demasiado exigente?
Y por el otro lado, ¿por qué nos cuesta tanto aplicarnos ese mismo criterio a nosotras mismas? Le damos lo mejor a los demás, nos exigimos para los otros... pero cuando se trata de nosotras, conformarse se vuelve virtud. Si fuese una torta para un tercero sin ninguna duda, volvería a hacerla. En cambio, para alguien de la familia somos más conformistas. ¿Será porque justamente al ser familia nos podemos relajar más?
Quizás la torta de Teo también fue eso: recordarme que lo mejor que puedo dar merece el intento. Aunque cueste. Aunque haya que volver a empezar.
Y sí, ya sé — esta torta me dio para pensar durante una semana entera. Así que... quizás realmente valió la pena, ¿no?
Frase de la semana
尽力而为 Jìn lì ér wéi
“Hacer con toda la fuerza que tengas.”
No dice hacerlo perfecto. No dice hacerlo mejor que nadie. Dice algo mucho más honesto: dar todo lo que tenés. Hasta el último gramo de energía disponible.
Y ahí está la diferencia. Cuando sabés que en un segundo intento podés hacerlo mejor, no intentarlo no es humildad ni salud mental. Es quedarte por debajo de lo que podés dar.
La exigencia sana no busca la aprobación externa ni la foto perfecta. Es la que te mira adentro y te pregunta: ¿di todo lo que podía dar? Y cuando la respuesta es no — cuando sabés que hay una segunda vuelta disponible — elegir hacerla no es perfeccionismo. Es respeto. Por el proceso, por el resultado, y por vos misma.
La torta de Teo no tenía que ser perfecta. Tenía que ser lo mejor que yo podía dar con toda la fuerza que tenía ese martes caótico. Y lo fue.
🎵 Canción de la semana
“Try” — Pink
Esta canción la tengo en mi lista de músicas motivacionales. Es poderosa y contagiosa.
Habla sobre algo que todos sabemos pero nos cuesta aceptar: que el proceso duele, que las llamas brillan pero a veces queman, y que aun así hay que levantarse y volver a intentarlo. Y la canción lo insiste una y otra vez: ¡Try, try, try!
No habla de éxito ni de perfección. Habla de no rendirse cuando algo no sale como queremos. Porque el intento — aunque cueste, aunque salga mal la primera vez — es lo que nos define. No el resultado.
Gotta get up and try. Levantarse y volver a intentar. Con toda la fuerza que tengas.
尽力而为.
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Les dejo un extracto de mis partecitas favoritas:
Ever worry that it might be ruined
And does it make you wanna cry?
When you’re out there doing what you’re doing
Are you just getting by?
Tell me, are you just getting by, by, by?
Where there is desire, there is gonna be a flame
Where there is a flame, someone’s bound to get burned
But just because it burns doesn’t mean you’re gonna die
You’ve gotta get up and try, try, try
Gotta get up and try, try, try
You’ve gotta get up and try, try, try
¿Alguna vez te preocupa que todo se arruine y eso te da ganas de llorar?
Cuando estás ahí afuera haciendo lo que hacés,
¿solo estás sobreviviendo?
Decime, ¿solo estás tirando para adelante?
Donde hay deseo, va a haber una llama.
Donde hay una llama, alguien inevitablemente se va a quemar.
Pero solo porque te quema no significa que vas a morir.
Tenés que levantarte e intentarlo, intentarlo, intentarlo.
Y si te quedaste con ganas de contarme algo, tu comentario debajo de este post es más que bienvenido.


Hice y hago todas las tortas de cumpleaños para mí familia y nunca quedé conforme con los resultados aunque para los demás siempre son hermosas y sabrosas para mí, internamente, el resultado final no era el que hubiera querido. Una vez trabajé tanto para una torta que le hice a mi nieta y quedé tan dolorida de espalda y cintura que les dije a toda mí familia que de ahora en más ellos se encarguen de hacerlas o comprarlas porque yo colgaba la toalla, eso fué hace tres años y aquí estoy 🤷🏼♀️ pensando en la que tengo que hacer el mes que viene con la próxima temática 😊